Siempre consideré la existencia de verdades propias, creadas. Posiblemente validas solo a nivel personal. Una forma tanto de reafirmar los pensamientos como de justificar tus actos. Es un escudo, una argucia para defenderse ante los juicios arbitrarios, los pareceres ajenos, todos malversaciones de la realidad.

 

Buenos tiempos aquellos en los que, y con la ingenuidad por bandera, teníamos el pensamiento de que todas las personas eran buenas, por defecto, o al menos lo eran aquellas que realmente te importaban. Atrás quedó ese mundo, del “bueno” porque si. Y no porque la gente cambiara, que también, sino porque cambiaron las relaciones y las formas de llevarlas a cabo; El cristal por el que miramos alrededor también se ensucia.

 

Un día te sorprendiste porque, aunque siempre habías pensado lo contrario, te llegaron ecos de inverosímiles realidades: “el mar ya no era azul”. Tal vez por la forma de enterarte, por el interlocutor, o simplemente, por la afirmación tan devastadora, ese día empezaste a mirar al cielo de otra manera (culpable de un vil reflejo). Justos por pecadores. Tu mundo se venia abajo…

 

“Si el mástil mas fuerte de los que agarran tu vela se rompe, ¿que puedes esperar de los que aun están en pie?”

 

Al pasar el tiempo, y aun sintiéndote pleno de verdades propias, adquiriste conciencia de que estas ya no son tan absolutas, que uno mismo puede cambiarlas, hacerlas evolucionar, pues nosotros, al igual que el mundo, también cambiamos. Así me relaciono con mi entorno, así se relaciona el entorno conmigo.

 

“Cada uno da, lo que recibe… Luego recibe lo que dá…nada es mas simple, no hay otra norma, nada se pierde, todo se transforma” .- Jorge Drexler

 

Lo que realmente aprendes con el tiempo, es a poner cada cosa en su sitio, a cada fruta en su cesta, a cada deidad en su altar…

 

“Lo que puedes esperar de los otros mástiles es que te hayas equivocado, y finalmente sean éstos los fuertes, y no aquellos que perecieron”

 

Aprender a discernir, el cuándo y el qué puedes esperar de quien, nos ayudará a no sentirnos decepcionados nunca, y a apreciar, en su justa medida, los vínculos que nos unen.